lunes, 9 de noviembre de 2009

La democracia en el interior de los Partidos Políticos

¿DÓNDE SE LAVAN LOS TRAPOS SUCIOS?

PATOLOGÍAS POLÍTICAS DE NUESTRA ÉPOCA (XXXVI)

La democracia en el interior de los partidos políticos a veces es algo bastante relativo. Si un líder, por ejemplo, incumple promesas electorales que estaban bastante formalizadas, o si se aparta de los acuerdos adoptados en el Congreso de su partido, no pasa nada, e incluso es posible que escuche elogios sobre su carácter resolutivo y su coraje para tomar decisiones “impopulares”. Sin embargo, si alguien realiza públicamente críticas inoportunas, o hace valer otros criterios, es posible que acabe compareciendo en una Comisión de Conflictos, o al menos escuchará solemnes advertencias sobre la necesidad de “lavar los trapos sucios en la propia casa” y no ir por ahí aireándolos en los medios de comunicación social.

Esta peculiar manera de ver las cosas, estableciendo una barrera rígida entre el interior y el exterior de las organizaciones, recuerda aquellas culturas tradicionales y de clase media que tan empeñadas estaban en mantener a salvo el honor y la apariencia y que encerraban y tapaban bajo siete llaves internas cualquier indicio de oprobio o dificultad.

Por ello no deja de ser curiosa la propensión a establecer cortes y límites formales en la funcionalidad de la democracia, sin tener en cuenta que la democracia es un todo que no puede compartimentalizarse, y que la libertad de opinión y expresión –y por tanto la capacidad para informar y criticar– es indivisible y no puede tener más límites que los que imponen las buenas maneras, el sentido común y la propia legislación ordinaria (derecho al honor y al buen nombre, sanción de las calumnias y la infamia, etc.).

Por lo tanto, es un verdadero disparate sostener que la libertad de opinión y crítica que existe –según se dice– en el interior de los partidos, no exista ni pueda practicarse en el exterior y que aquellos que pertenecen a un partido deban guardar silencio, disimular o hacerse cómplices cuando vean –o piensen– que se está cometiendo algún hecho irregular, inapropiado o injusto en la organización a la que pertenecen. Con “patriotismos de partido” de esta índole y con “silencios cómplices” así justificados –del tipo de “yo no sabía nada”– han sido posibles algunas de las mayores aberraciones que se han conocido en la historia reciente.

Es posible que, una vez llegados a este punto, algunos lectores tengan la tentación de llegar precipitadamente a la conclusión de que todo esto no es sino un signo más de que los partidos políticos van mal y que su actual funcionalidad democrática es aun bastante insuficiente. Sin embargo, la realidad es que este tipo de “patologías” está afectando a buena parte de las estructuras organizativas e institucionales de nuestras sociedades, como puede constatar cualquiera que participe en diversos ámbitos sociales. Personalmente, por ejemplo, conozco a muchas personas que están auténticamente escandalizadas ante las derivas antidemocráticas –y hasta de burla de la legalidad y de los principios propios del Estado de Derecho– que están dándose en diversos ámbitos de la Universidad, en donde es posible comprobar, y anticipar a escala, lo que algunos personajillos serían capaces de hacer si tuvieran más poder y discrecionalidad.

Decían los clásicos que la descomposición de los seres vivos suele empezar por la cabeza. Y la verdad es que en algunas ocasiones uno tiene la impresión de que eso mismo puede ocurrir en las sociedades actuales si no hubiera personas y grupos que fueran capaces de reaccionar a tiempo y con claridad, dando ejemplo del verdadero coraje político, que no consiste precisamente en postular propuestas “impopulares”, sino en saber hablar y opinar con libertad y auténtico sentido de la responsabilidad, aún sabiendo los costes que a veces hay que pagar por ello.

Por cierto, los “trapos sucios” en los partidos, o en otros lugares, lo mejor es no tenerlos y hacer todo lo posible para que no se tengan, y si se tienen y son descubiertos no debe ponerse pega alguna a que se laven, fuera o dentro, pero sin dilación, con eficacia y con rotundidad.

José Félix Tezanos

Publicado en Fundación Sistema

1 comentario:

Miguel Alvarez dijo...

Si es de Tezanos este escrito, tiene razón y si no es de Tezanos tambien la tiene.

Me parece que es ya un clamor popular o militante, creo entender que independientemente del partido al que se pertenezca, esa protesta generalizada del modo en que determinadas burocracias están contemplando la cuestión de la libertad de expresión.

Ahora se pide ya algo más, la admiración al líder, el hablar como el, de ahí hasta la meta del culto a la personalidad ya casi no queda espacio que recorrer

Saludos,