sábado, 4 de octubre de 2008

El debate en los partidos políticos


No es posible ser autócratas en los partidos y demócratas en el gobierno, entre otras muchas razones porque las personas, para alcanzar la democracia, necesitan entrenamiento y esfuerzo. Al no practicar el auténtico debate y al asumir actitudes y métodos autoritarios, los partidos políticos y sus miembros se contaminan y se alejan de la democracia, mientras que las estructuras se resientes y deterioran. ....La falta de democracia interna en los partidos es la causa principal de que la sociedad esté perdiendo su aprecio por la democracia y que afloren en la vida diaria vicios antidemocráticos como la corrupción, la búsqueda constante de privilegios, el burocratismo y el envilecimiento del concepto de servicio, sustituido muchas veces por la ineficiencia y el desprecio.

La democracia interna es ineludible en los partidos y la única manera justa y democrática de tomar decisiones pasa por el debate interno, por el análisis y la discusión entre iguales, a la sombra de la lealtad, la libertad y el respeto, aunque los militantes de las agrupaciones actúen muchas veces como cazadores obsesionados por participar en el poder y de los cargos públicos, aunque las agrupaciones del partido operen en la vida diaria como grupos no representativos de personas insignificantes, dominados por fanáticos, maniáticos y extremistas.

La democracia genera democracia y el funcionamiento autoritario genera fascistas barnizados de demócratas.

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La democratización de los partidos políticos es una exigencia previa y fundamental para la necesaria reforma de la democracia. Esta democratización no puede alcanzarse sin una práctica intensa del auténtico debate en el seno de los partidos políticos. Los partidos no sólo tienen que mejorar sus relaciones con el gobierno y con los ciudadanos, a cuyas aspiraciones y deseos deben dar respuesta. Para lograrlo, además de debatir, deberán potenciar su capacidad de comunicación, abrirse y cambiar sus prioridades, anteponiendo el interés general a la hoy hipertrofiada lucha permanente por el poder.

Los partidos son hoy profundamente ineficaces en el control de sus propios miembros, sobre todos de los más poderosos, que suele sen los que ocupan cargos públicos. Su ineficacia es todavía mayor en el cumplimiento de otra de sus misiones, el control del gobierno.

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Un de los aspectos de la democracia que más deteriora su prestigio e imagen es la constante acumulación de privilegios y ventajas por parte de los políticos y miembros de los gobiernos. ....


Las anteriores consideraciones están tomadas del capítulo dedicado al DEBATE EN LOS PARTIDOS POLÍTICOS del libro LA DEMOCRACIA SECUESTRADA. MENOS PARTIDOS Y MÁS CIUDADANOS PARA LA NUEVA SOCIEDAD DEL DEBATE, de Franciso Rubiales. Editorial Almuzara.

Lo paradógico de la cuestión es que estas afirmaciones se sustentan cuando se está en los márgenes o fuera de las estructuras orgánicas de los partidos pero se olvidan, no se ven cuando se está ocupando cargos en sus estructuras o se aspira a ello.

1 comentario:

un gato de Carabeo dijo...

Muy interesante opinión.

No conozco las interioridades de los partidos, pero el único que conozco con una supuesta democracia interna fuerte es ERC en Cataluña y su evolución no es precisamente hacia un partido fuerte.

Episodios como su juego de posiciones en el estatuto catalán, no contribuyen a considerarlo un partido serio por aquellos que lo ven desde fuera, aunque haya que reconocer su ejercicio de democracia interna.

Supongo que, como en otros aspectos, lo mejor sea una ponderación de poderes y participación.

Un saludo